
Juan Román Riquelme y el resto de la Comisión Directiva, en comunión con la familia del ex técnico de Boca, decidieron que el nuevo gimnasio sobre la calle Brandsen se llame Miguel Ángel Russo.
Un homenaje que hace un poco de justicia a quien, entre otros logros, fue el último técnico campeón de la Copa Libertadores con el Xeneize.
Miguel Ángel Russo llegó a fines de 2006 desde Vélez para reemplazar a Ricardo La Volpe, envuelto en una polémica —como siempre que los protagonistas se inclinan por estos colores— y con una única tarea: hacer que el tricampeonato perdido frente al Estudiantes de Verón quedara rápidamente en el olvido.
Así fue como, en 2007 y con el regreso de Riquelme para manejar el equipo, al final del primer semestre de aquel año se había metido para siempre en un lugar privilegiado de la historia de Boca, levantando la sexta Copa Libertadores.
Transcurrió el año y, a finales del mismo, tuvo que irse por ciertos desacuerdos con la dirigencia de turno, sumados a la derrota frente al Milan en el Mundial de Clubes.

Cabe destacar que, hasta su regreso en 2020, Russo supo dirigir en diferentes clubes nacionales y del exterior de manera exitosa, aun habiendo sido diagnosticado con cáncer en 2017.
Situación que Miguel sobrellevó con una admirable entereza, digna de un ser humano de excepción.
Retomando: a principios de 2020 se produjo su regreso al club para ser el primer entrenador de la gestión que había arrasado en las elecciones de diciembre de 2019.
Nuevamente se coronó campeón en dos oportunidades: la Superliga 2019/20, ganada a River en la última fecha, y la Copa de la Liga Profesional, también recordada como Copa Diego Armando Maradona, en 2020.
En agosto de 2021, debido al máximo respeto que siempre tuvo por Boca, decidió junto a la CD que lo mejor era interrumpir su contrato tras una seguidilla de malos resultados. Así fue como finalizó su segundo ciclo.
Y, a consideración personal, acá es donde se termina de conformar lo que será siempre la figura de Miguel Ángel Russo para todos los bosteros: su último ciclo en 2025.
Ya con Riquelme de presidente y luego de varios intentos fallidos con técnicos de diverso perfil, edad y trayectoria, el 10 se inclina nuevamente por Miguelo para tomar las riendas del equipo, con un trasfondo digno de un héroe: a pesar de que esa maldita e impredecible enfermedad había vuelto para causar estragos, el inmenso amor que Russo tenía por Boca lo mantenía vivo, evidenciado en dos de sus frases de cabecera: “A Boca no se le puede decir que no” y “esto se cura con amor”.
Ambos —JR y Miguel— sabían que ciertas cuestiones pertenecían al azar pero, lejos de condicionar, fue un motivo más para no dudar.
Aunque es anecdótico, en este último ciclo se hizo un buen colchón de puntos que sirvieron para volver a disputar la Copa Libertadores de manera directa en 2026, y se vieron algunos de los cimientos que hoy sostienen la estructura del Boca del Vasco.
Todo este breve repaso es para contextualizar un poco lo que significa este homenaje: premiar no solo a una gloria de Boca Juniors desde lo deportivo, sino también a un excelente ser humano, un grandísimo técnico, un ejemplo de lucha y resiliencia y, por último, y no por eso menos importante, a un hombre que amó a Boca como cualquiera de nosotros y se fue de este mundo con nuestros colores.
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